miércoles, 12 de julio de 2017

El espionaje, la gobernabilidad y el derecho a la privacidad.




Han salido noticias que han expuesto el espionaje gubernamental del que han sido objeto connotados activistas y periodistas mexicanos. También se ha indicado que el espionaje no es nuevo. Me enternece (bueno, Elena siempre me enternece) la búsqueda y hallazgo de los datos desclasificados producto de espionaje del que  Poniatowska  fue objeto entre 1962 y 1985, por la Secretaría de Gobernación. Se encuentran en el tenebroso Lecumberri. Sí, desde entonces y más atrás ha habido espionaje político en nuestro país, realizado principalmente por la Secretaría de Gobernación, aunque ahora sabemos que también la PGR y la Sedena tienen equipos.
Tal parece que quienes se dedican al activismo político, fiscalización de recursos públicos, Organizaciones No Gubernamentales, comunicación social y todos aquellos que tienen que ver con la política (entendida ésta como el gobierno de la polis, es decir, de la comunidad) han sido y son observados por diversas instancias del poder público.
Se supone que sólo tienen permiso de ser espiados quienes están siendo investigados por algún delito y con orden federal. Pero, al parecer, se persigue a quienes quieren corregir, reformar, revolucionar, enmendar al sistema y no a los delincuentes.
Esto puede hacernos suponer que el gobierno espía está aliado a los delincuentes y persigue y espía a quienes los denuncian. Si no, ¿en qué hubiera beneficiado el haber invertido tantos millones de dólares en los sistemas espías de telecomunicaciones que han contratado?
¿Para qué tener acceso a tanta información personal de esos mexicanos responsables y conscientes? Solo me queda responder que para conocer con anticipación los movimientos y opiniones y debilidades de cada uno de ellos. ¿Para qué? Para tener margen de maniobra política.
¿De qué les ha servido? En realidad no para gran cosa. El gobierno mexicano está cada vez más desprestigiado nacional e internacionalmente. Su corrupción, instigación al fraude electoral (lo vimos en las más recientes elecciones locales), e intromisión en la vida personal de ciudadanos comunes y corrientes, lo desacredita, a él y a su partido, y los presenta como más corruptos que nunca, más ineficaces que nunca, más incapaces que nunca.Quizá por eso espían, para poder tapar el sol con un dedo. Esto ante los ciudadanos informados.
Y ante la gran masa de mexicanos desinformados y manipulados por los medios masivos de comunicación, que no piensan más que en lo que harán para comer ellos y sus familiares, también hay un gran descrédito, que se presenta en las cifras económicas duras: el dinero y los salarios alcanzan cada vez menos para comer, para vestir, para una vivienda digna, para un transporte digno. La inseguridad crece y los desplazados por la violencia son más cada día.
Y lo que es peor, también a nivel estatal algunos gobiernos han adquirido equipo sofisticado de espionaje de los celulares y teléfonos. Querétaro entre ellos, según constan los datos aportados por Aristegui.com, Proceso y otros medios de comunicación.

Desde el punto de vista de quienes ejercen el poder, el tener la mayor disponibilidad de información sobre los actores y adversarios políticos siempre ha sido una necesidad, para poder tomar decisiones. Es ahí donde se invierten grandes cantidades de dinero en la compra de sofisticados equipos y tecnología. El problema es cuando se privilegia la información y no los resultados en el bienestar social, económico y político de la mayoría de la población.
Me explico: se pretende gobernar por encimita. Importa más lo que se dice, el trending topic, que resultados palpables en la vida comunitaria. Por eso la importancia de las redes sociales que son y no un reflejo de la opinión social.
Así, les importa sobremanera controlar las expresiones masivas de descontento, ya sea en las redes sociales o físicamente, en las calles. No tanto resolver las situaciones que más aquejan a la población, que ha visto mermada considerablemente su nivel de vida desde la entrada formal al neoliberalismo en México, desde la década de los ochenta.
Sin embargo, en México, un país de leyes cuasiperfectas, han surgido voces que pedían a gritos leyes protegieran la vida privada de las personas, pues ahora más que nunca está muy vulnerada por el uso cotidiano de las nuevas tecnologías de la comunicación.
Y se suponía que el carísimo Iphone de Apple, en sus distintas versiones, era el que resguardaba los datos personales y resultó que no, sí existe forma de vulnerar el sistema con el famoso Pegasus.
Un ejemplo ilustrativo de hasta dónde ha llegado el mal uso de las tecnologías de la información y sus excesos, ha sido la persecución de que ha sido objeto Aleida Quintana, activista por los derechos de las mujeres frente a hechos de violencia como desapariciones, trata de personas y feminicidios en Querétaro. Poseyendo como lo tienen la tecnología de punta en el gobierno estatal, se hace poco o nada para encontrar a las mujeres desaparecidas, menos aun a quienes cometieron el delito. Entonces, ¿para qué tanta inversión? Eso sí, ella se tiene que proteger de muchas maneras para que no dejar rastro de sus actividades en internet y vía celular.  Y de todos modos la siguen agrediendo, amenazando, vulnerando su seguridad y vida privada.
Igual a nivel nacional. Es innegable el incremento de la violencia en el país, con los grupos organizados delincuenciales invadiendo y dominando franjas expansivas de territorio. ¿De qué les ha servido poseer tecnología tan sofisticada de violentar las comunicaciones? Para todo menos que para lo que fueron compradas: para perseguir delincuentes MEDIANTE ORDEN JUDICIAL.
Tampoco han investigado con ciencia y diligencia el rastro de los normalistas desaparecidos en Ayotzinapa, más bien infectaron de Pegasus los celulares de los del GIEI, investigadores internacionales expertos que acudieron al llamado de los padres de los 43 para aportar su conocimiento y experiencia en el esclarecimiento de los hechos.
No se justifica entonces la invasión a la vida privada de periodistas, investigadores, activistas e incluso sus familiares menores de edad, si el objetivo es únicamente tener información para garantizar la gobernabilidad. Y me refiero a invasión a la vida privada cuando se trata de datos que los usuarios no comparten voluntariamente en una red social o pública. Aun cuando ha sido el espionaje una costumbre milenaria por quienes detentan el poder político, pero igual han sido el abuso y la corrupción.
Es cierto, información es poder. Pero el acceso a ella está acotado por leyes internacionales y nuestra Constitución (art. 16 constitucional), así como por  la Ley De Protección De Datos Personales En Posesión De Sujetos Obligados, apenas aprobada en este 2017.  
Me queda una duda: ¿ los gobiernos que han comprado los carísimos software espías, qué deberán hacer con toda la información de la vida privada e íntima de las personas acumulada en sus oficinas? Quizá deban desecharla, pues desde enero están violando expresamente la ley.
O mejor, reservarla para que, diez o veinte años después, cuando ya no se considere información clasificada, reconozcamos con miedo, sorpresa e indignación, así como le pasó a Elena Poniatowska, en los registros digitales de algún archivo perdido, nuestra vida privada con todo detalle, a todo color.
O antes, si nos organizamos y cuestionamos qué tienen almacenado ilegalmente que es nuestro y de nadie más, en sus cloacas y buhardillas.

BIBLIOGRAFIA Y REFERENCIAS
Aristegui Noticias. Junio y julio 2017.

Elena Poniatowska.  En México el espionaje lleva años de persecución”.

Azam Ahmed y Nicole Perlroth. “‘Somos los nuevos enemigos del Estado’: el espionaje a activistas y periodistas en México”. https://www.nytimes.com/es/2017/06/19/mexico-pegasus-nso-group-espionaje/

García Ricci , Diego. “Artículo 16 Constitucional.Derecho a la privacidad”. http://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/8/3567/39.pdf

García González,  “La protección de datos personales: derecho fundamental del siglo xxi. Un estudio comparado”. https://revistas.juridicas.unam.mx/index.php/derecho-comparado/article/view/3933/4972

García Ricci, Diego. “El derecho a la privacidad en las redes sociales en internet”. http://historico.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/derhumex/cont/12/art/art10.pdf
































martes, 13 de junio de 2017

"Tierra minada", un idealismo que se volvió nostalgia.

Por Yolanda González Gómez*

Yolanda González y la escritora Anna St.Clair. Foto de Angela Pérez.

 La novela corta de Anna St. Clair es casi un viaje al pasado por el túnel del tiempo. Cata McGreggor me transportó a los andenes del oficio reporteril que recorrimos tantas veces cuando todavía creíamos que informar era más que hacer una nota, era cuestión de salvar al mundo, a los pobres del mundo, a los obreros y campesinos. Cargada de idealismo y de la audacia honesta que lo caracteriza, va en busca de la verdad a la Mina La Caridad de la empresa Mexicana del cobre en Nacozari de García que estalló la huelga y el texto describe en una prosa tersa y muy periodística cómo va desarrollándose el conflicto laboral y humano entre los actores que participan en todos los niveles. La protagonista nos abre la puerta a cómo se manejan los intereses políticos y económicos en los medios de comunicación y a nivel de sobrevivencia personal como en el caso del reportero Ramiro Contreras, en las instituciones de gobierno y sobre todo en las compañías trasnacionales que detentan el poderío minero en México, a las que prácticamente se les da una cuenta abierta de la riqueza el subsuelo patrio a cambio de dar trabajos. En este caso 1,300 mineros dependían de la tercera mina de cobre más grande del mundo, mientras vivían en condiciones de un campo de concentración, relata St Clair. 


 En el texto nos desmitifica al ex héroe de la máquina 501, a Jesús García y tiene sentido que realmente haya salvado a la mina con su hecho heroico más que al pueblo de Nacozari; nos exhibe la forma en que una presa como la Angostura pueda ser construída por el mismo arquitecto que diseñó la presa Hoover en Nevada y para que su agua sea desviada para los trabajos de La Caridad y se deje a los pobladores de Nacozari sedientos. También nos educa sobre la extracción de cobre y molibdeno, de las lagunas de lixiviación que dejan inservible la tierra donde las instalan con todos sus contaminantes y sobre todo nos instruye sobre los amores fugaces con ese lujo de detalles, pero apenas en dos furtivos encuentros que nos dan el tinte erótico en la trama. 
Ejemplares de Tierra Minada, hechos manualmente por la autora.
 La novela nos lleva por las complicidades gubernamentales, por la docilidad sindical que raya casi en el charrismo, por las condiciones lamentables de la prensa mexicana que apenas vive con esos salarios que persisten en los últimos treinta años. Sonora está presente a través de la descripción no sólo de algunos de nuestros platillos y expresiones regionales, sino en la descripción del paisaje serrano que nos deslumbra a los nativos de esta tierra, desolada ahora por la contaminación actual del Rio Sonora que me recordó la trama de Tierra Minada. 
La literatura es vida. La palabra sigue prevaleciendo para dar voz a los marginados que aunque aparecen en notas periodísticas escuetas, requieren este tipo de textos de largo aliento que describan exactamente los detalles con los que la vida se forja. Mi amiga, la autora de Tierra minada, es una voz femenina que tanta falta hacen, sobre todo en el género novelístico y aprovechó sus experiencia periodística que compartimos en los 80s, cuando había muy pocas mujeres ejerciéndola, que nos topamos con esa realidad por cubrir con ese idealismo que ahora se volvió nostalgia.

*Hermosillense. Periodista y Maestra en literatura hispanoamericana por la Universidad de Sonora.

La traición a una misma. "El diario de Edith", de Patricia Highsmith*.



 "Recordó con más fuerza, sintió (con más fuerza que cuando escribiera la frase, quizá veinte años antes) que la vida carecía realmente de sentido, para todo el mundo, no solo para ella. Pero si estaba sola, si iba a estar sola, en ese caso la falta de sentido llegaría a ser mucho más aterradora. Eso era todo. Se sintió aterrorizada durante unos segundos, como si hubiese tenido un vislumbre del destino, de la suerte, de la esencia de la vida e incluso de la muerte...".
pág. 115. 




 Un diario, en el centro de la trama,  nos muestra en un principio la vida  tranquila y común de una mujer “dedicada a su casa” (esto significa que asume la mayor parte del trabajo doméstico y del cuidado de sus moradores). Poseída por un marcado interés en el acontecer político nacional e internacional de su tiempo, Edith inicia por otra parte la publicación, junto con una socia y vecina, de un semanario político que hace circular en su localidad y alrededores: esa es su verdadera pasión.  

Obligada por el “deber” femenino de cuidar a todo aquel que habite su hogar, Edith ve recargado su trabajo cuando un familiar lejano de su esposo, de avanzada edad, decide quedarse a vivir bajo su techo. La descomposición de la vida familiar “feliz” se evidencia mejor cuando el hijo se va convirtiendo en un adolescente alcohólico sin ambiciones con rasgos psicópatas, el anciano va siendo cada vez más dependiente y el esposo decide abandonarlos por una mujer veinte años menor.
Se supone que el diario debería dar cuenta fiel de esos devenires, incluso como escape o desahogo, se convierte en cambio en el receptáculo de las fantasías y de la vida familiar como hubiera querido que fuera, como debería ser en un mundo en donde todos están contentos y felices, empezando por Edith.
Pero ella no reconoce ante los demás ni ante sí misma su hartazgo ante el cúmulo de pesados deberes, situación que empeora cuando el esposo abandona a su tío abuelo en manos de su exmujer.
Edith, al no intervenir, no denunciar y dejar hacer, accede a ocultar el asesinato del tío en manos de su hijo. Así, una mujer correcta políticamente termina ocultando un acto criminal.
Mientras, los artículos y opiniones de Edith en su pequeño semanario van siendo cada vez más honestos y radicales. La novela da cuenta, lateralmente, del devenir histórico y político de los E.U.A. durante los revueltos años sesenta del siglo pasado. El análisis de Edith, que va adquiriendo mayor profundidad y certeza, empieza a ser sistemáticamente rechazado por la sociedad pueblerina que antaño la leía y seguía. Ellos conocen la difícil situación personal de Edith y justifican así sus “extraños artículos” que cuestionan cada vez más el status quo norteamericano de su tiempo. 

Highsmith (1921-1995, norteamericana) en esta obra investiga los mecanismos y motivos ocultos que pueden convertir a una persona “normal” en alguien capaz de quitarle la vida a alguien, o en participar en ello. Esta exploración está presente también en sus más conocidas novelas “Extraños en un tren” y “El amigo americano”. La redacción siempre trascurre en dos planos, el consciente y el inconsciente.
A ello se presta, en el formato de la novela, el uso del punto de vista de una subjetiva tercera persona muy cercana que se va alternando entre Edith y su hijo Cliffie. 
Me parece interesante hacer notar que en el manejo nostálgico del tiempo a saltos y sin gran explicación, me recordó a Alice Munro** .
En un plano inconsciente, el lector va tomando nota de una multitud de actitudes y movimientos no verbales que van mostrándonos cómo Edith, a fuerza de decir a todos que todo está bien, va perdiendo el contacto con su realidad, misma que la obliga a dedicarse a todos menos a sí misma, a no valorarse y a mostrar siempre la mejor sonrisa ante todos aunque eso implicase traicionarse a sí misma. Alice Munro también hace uso de este doble rodaje en sus cuentos, aunque de manera más sutil y no necesariamente encaminada a la comisión de un delito, sino a abruptas decisiones que cambian la vida de sus mujeres protagonistas y de quienes las rodean.
A Edith, esa traición a su persona más auténtica, su yo más íntimo se lo cobró muy caro.
Se las recomiendo.


* Edith’s Diary. Patricia Highsmith, 1977
Traducción: José Luis López Muñoz Editor digital: Titivillus ePub base r1.2
**Canadiense, n. 1931. Premio Nobel de Literatura 2013.