domingo, 9 de octubre de 2022

Taller en Ajuchitlancito

Posamos con una niña, su dibujo y su cuadernillo. 
 Fue significativo y estimulante ver convertido mi único poema infantil en noventa dibujos producidos por igual número de niños y adolescentes en un macro taller de expresión plástica. Eso fue en Ajuchitlancito, municipio de Pedro Escobedo, el pasado sábado 8 de octubre del 2022. 

 

Nos invitó José Reséndiz, promotor cultural independiente del lugar y fundador del colectivo titulado “Educación para la paz, Francisco Hinojosa”.

Arribamos Aída  (Aída Elena Ochoa Contreras, a quien debo la foto superior)y yo a las 10:30 am, listas para presenciar el segundo encuentro cultural, abierto y gratuito para todo público, en la comunidad mencionada. Estaba Braulio Guerra, “Mago”, escritor sanjuanense y promotor de la lectura, platicando por micrófono con más de un centenar de personas, acerca de la escritura y los procesos creativos. Había presentado su libro “Narraciones ordinarias de criaturas extraordinarias”.  Luego llegó Arturo Montes, con una mezcla de títeres, música, clown y teatro que logró tener cautiva la atención y risas de chicos y grandes.

Entonces siguió mi Taller, y con la ayuda atenta de Aída, otros integrantes del colectivo. ¿El lugar? La escuela primaria 5 de febrero, con la presencia del director vespertino Prof.  Cosme Ceballos. También estuvo presente Jennifer Rivera, regidora del ayuntamiento de Pedro Escobedo, quien también forma parte activa del colectivo.

Para llegar desde Querétaro, accedimos por la carretera federal a la CDMX, luego entramos en el mundo arreglado, organizado, pavimentado y limpio de los varios parques industriales de Pedro Escobedo, adyacentes a la transitada ruta. Y un poco más lejos, en medio de praderas llenas de flores amarillas, miniaturas de girasoles, y alfombras de flores moradas, sin ninguna señal y dejándonos guiar por las personas que esperaban transporte, llegamos al Ejido Ajuchitlancito. Ni siquiera Google Maps nos supo guiar,  no lo tiene bien ubicado y menos cómo llegar.

Una escuela federal fue el lugar de reunión, pues sirve de punto de encuentro comunitario, con perros cuidadores aceptados por todos, con una cancha multiusos techada con  medio cilindro gigantesco, como los hay miles en el país. Y como en muchas partes, sin servicio de agua corriente en los baños, eso sí, muy limpios y completos.

Vi niños ávidos de actividades, con mucha seriedad e interés por lo que se explicaba. Más de cien, que se redujeron un poco sentados en las sillas y se extendieron a jugar en las canchas y afuera de la escuela, conforme pasaba el tiempo. Cuando llegamos a mi taller, les leí el poema “Cuentos”, de mi poemario “Conjuros para Seguir” (2021). Nunca había hecho taller con tantos niños. Lo bueno es que tuve apoyo eficiente, hasta las mamás participaron. Al final, armamos un cuadernillo por niño y lo engrapamos, así cada uno se llevó material a su casa para seguir dibujando libremente.

El feliz equipo de trabajo. 


¡Qué hermoso ver la creatividad infantil! Fue un gran alimento para mi propia creatividad y sensibilidad, cosa que agradezco infinitamente.

Es cierta esa frase: cuando das con el corazón, recibes más de lo que entregas, y así fue.

Gracias Ajuchitlancito, gracias colectivo “Educación para la paz Francisco Hinojosa”, que con su actividad aportan esperanza y luz que sólo el arte y la cultura pueden, en el desarrollo personal y espiritual. Y esto cuenta tanto a los habitantes de las comunidades como a los afortunados invitados a estos encuentros.

Estamos al pendiente de la inauguración de una pequeña biblioteca local, impulsada también por el colectivo, que tanta falta hace a niños y adultos.

Finalizamos el encuentro obsequiados por una opípara comida obsequiada por el colectivo, no menos sabrosa y nutritiva que las actividades. Se nos entregaron, por parte del poeta José Reséndiz, previas sentidas palabras, reconocimientos simbólicos. Y después de intercambiar direcciones y datos personales, regresamos a la ciudad con un grato sabor de boca, corazón y mente: flores, cuentos, niños, poesía, arte, títeres, calidad humana, poblaban mi conciencia cuando llegué a mi casa. Y decidí entonces escribir esta crónica.

jueves, 28 de julio de 2022

COVID19 llegó a mi cuerpo.

 

A mí, como a una parte importante de la humanidad, me dio Covid19 junto con mi hijo menor.

Lejanos estaban los días en que nos aislaron y quitaron todo contacto humano cercano con extraños, allá por marzo del 2020, mientras veía con horror, por las redes sociales, las escenas de los enfermos acumulándose fuera y dentro de los hospitales de todo el mundo.

Un domingo de este julio me invitaron a una conferencia. Éramos más de mil personas en un espacio hecho para una fiesta de unos cientos de personas. Yo, confiada en la reducción de los casos y en mis vacunas, durante las tres horas que estuve en el salón, me quité el cubrebocas para tomar agua, botanear unos cacahuates garapiñados y tomarme una selfie.  Estaba demasiado emocionada por regresar a un ambiente político de fiesta, y apagué todas las  alarmas deberían de haber estado prendidas en mi (casi) siempre alerta de contagio. Ya estaba vacunada tres veces, además.

La variante Omicron de Covid19,
predominante en 2022. 

Y me dio calentura lunes por la tarde, fiebre el martes, con dolor de cabeza. Fui al IMSS a hacer fila en el aire libre junto con cientos de otros probables enfermos. Y a las cinco horas de espera, en donde hasta amigos hice, supe la realidad: positivo de Covid19. A los trabajadores les daban cinco días de descanso, a mí me dieron medicamento para la fiebre, me ofrecieron oxímetro que rechacé por ya tener uno en casa, y para los síntomas del resfriado, que no tenía todavía: mocos, flema y estornudos. No se me quitaron el olfato y el gusto. De seguro fue Omicron, que es la variante predominante en todas partes.

Vine a casa en cierta forma aliviada, ya sabía más o menos lo que podía esperar y cómo cuidarme, o eso pensaba yo. La medicina que me dieron resultó muy efectiva para tumbarme, noquearme y no dejarme despertar sino hasta horas después. Una tarde abrí un ojo y vi a Emiliano sin cubrebocas en la entrada de mi cuarto, tratando de averiguar cómo estaba yo.

Mis parientas de Querétaro se ofrecieron a traerme víveres y de paso regalarme un desinfectante que me aseguraron quita los virus del aire, para que no se enfermara mi otro hijo también.

Esa tarde las esperé en la sala, viendo una serie de documentales de hackers, fraudes y espionaje cibernético. Como me tomé la pastilla noqueadora, tuve sueños extraños. En uno de ellos, tenía sed y tomaba del desinfectante (que me dieron en una botella de dos litros de agua mineral) creyendo que era agua mineral, me supo como ligeramente a amoniaco y traté de vomitar, pero solo me salieron flemas.

En otro sueño le hablaba por celular a mi cuñada y le decía que si había venido a la casa a dejar los víveres. Ella me decía que sí había salido, con Emiliano detrás de mí y que les decía, señalando a las nubes, que iba a llover, que mejor se fueran. En el sueño, yo no recordaba haber salido ni recogido las bolsas que me trajo.

En otro sueño regresaba a otro capítulo de la serie de hackers, pues no recordaba haber visto el que estaba en ese momento.

En otro sueño me levantaba y veía los litros de leche en la despensa y me preguntaba cómo habían llegado ahí.

Al día siguiente, empecé a investigar qué había de real en mis sueños y qué no. Resultó que sí salí a recibir los víveres, platiqué y regresé a dormir frente a la tele. Luego volví a despertar, tomé del desinfectante pensando que era agua mineral, traté de devolverlo y como no pude, me volví a dormir. Luego le hablé varias veces a mi cuñada a preguntarle siempre lo mismo: que si había venido, que si qué le había dicho y que había tomado del desinfectante. Y me volvía a dormir.

Es la única vez que he tenido una especie de sonambulismo semiconsciente, con muchos testigos. Creo que una parte de mí no se despertaba bien aunque me levantara y caminara. Esa medicina para la fiebre, Metamizol, fue la causante de estas extrañas transiciones que hice entre el sueño y la vigilia y sus estados intermedios.

Emiliano se contagió y dos días después de mí, presentó síntomas aunque más leves que los míos. Yo he tardado en estar completamente sana, en parte debido a mi acelere por retomar mi rutina de natación y caminatas de madrugada, en parte porque mis defensas no están pertrechadas por las amígdalas, que me retiraron de niña pensando que iba a enfermarme menos de las vías respiratorias. Después dejaron de extraerlas, viendo que resultaba contraproducente, pero a quienes nos quitaron esa importante protección respiratoria, no hubo forma de reponerla.

Van tres semanas y no me siento bien al cien por ciento, pero ahí la llevo. He visto que debo cuidarme como evitar enfriarme, andar descalza y respirar frío. Que debo respirar profundo siempre que recuerde (para ejercitar mis pulmones), tomar propóleo y tés de ingredientes naturales con miel, dormir bien, asolearme un rato (por la vitamina D) y hacer ejercicio moderado, aunque no sienta que me canso demasiado haciendo el que hacía antes (como nadar). Anoche me puse Vikvaporub en el pecho y espalda y me sentí mucho mejor. En resumen, me cuido como cuando era niña y me andaba aliviando de alguna bronquitis o laringitis que me daban muy seguido.

Esta semana no había agua caliente en las regaderas de la alberca, me bañé con agua fría y me sentí como resfriada otra vez. Volví a estar ronca y con cierto malestar corporal, aunque no  fiebre.

Sí quedé delicada y estoy aprendiendo a cuidarme, viendo qué debo y no hacer. Al contrario, Emiliano ya está recuperado. La ventaja de ser joven y tener anginas.

 

 

 

 

martes, 14 de junio de 2022

Impaciencia

 No veo para cuándo aparezca el brote

ni visualizo lluvia

         en un cielo nublado

deseo la ilusión      sueño     fantasía 

sin un ápice de espera

olvido la lentitud

mientras 

el tiempo corre a mis espaldas.



Floto en la tristeza

     de las metas no logradas 

deseo ser estalagmita

con una sola noche acuosa.


Corro y no dejo nada atrás 

mis pasos los lava el viento

la huella se va con la corriente

de la desesperanza

en una tormenta de melancolía

y autocrítica.


La amorosa madre

duerme y se evade

aparece Medusa

su voz y su mirada

      me congelan

olvido mis conjuros y avances

todo se remite a ser culpable de algo

avergonzarme de mi humanidad

tener siempre algo horrible qué ocultar

ni merecer nada

y si algo hago es porque debo

para que Medusa no me acuse    además 

de floja.


"El esfuerzo se cultiva con pasión

el gusto se acompaña 

con el amor de mi cuidado

con la alegría de los intentos

el esfuerzo de saber que se podrá 

el esfuerzo de creer en mí 

      aunque no sepa cómo"

(diría mi amorosa madre, ahora a cargo). 


Estiro mis capacidades al máximo 

quiero recordarme     felicitarme 

levantarme y seguir

aunque espesa la neblina

está el camino y mis pasos ciegos

lo descubren casi hermoso.