martes, 26 de abril de 2016

Ser escritora y nada más, el regalo de Lumbre entre las hojas.


Mientras se cocinaba la marcha de mujeres contra la violencia machista y el acoso sexual en Querétaro,  mientras el GIEI anunciaba que no se quedaría más en México y que su trabajo fue consistentemente bloqueado por la PGR, mientras seguían rescatando cuerpos en Pajaritos, mientras el mundo giraba y el día seguía el paso a la noche…  un grupo de escritoras residentes en Querétaro salieron de sus rutinas y se lanzaron a ciudades pequeñas y/o pueblos agrandados durante cuatro días para sacar sus textos al aire y permitir que llegaran a oídos ávidos de escuchar historias, sentimientos, paisajes, personajes que no conocían.
Fue así como algunas privilegiadas entramos a bibliotecas, auditorios de prepas y centros culturales para leer nuestros textos en la semana que acaba de pasar. Esto sucedió aquí, en Querétaro, y en las cabeceras municipales de Amealco, Tequisquiapan, San Juan del Río y Jalpan. La organización se fraguó durante meses y corrió a cargo de Marta Favila y su equipo de la Red Estatal de Bibliotecas del IQCA. De las cuatro subsedes, a todas las que pudimos salir entre semana nos invitaron a dos, a mí me tocó el martes en Tequis y el jueves en Jalpan.
Rocío Benítez coordinando la lectura en Tequisquipan.
Acudí el martes a la cita convenida dentro del estacionamiento de las amplias instalaciones del ICQA, atrás de la Iglesia de Santa Rosa de Viterbo.  Creí que por estar invitada a tan magno evento, podrían aceptar mi coche que se estacionara ahí dentro. ¡Oh error!  El encargado de la puerta de plano NO me dejó pasar, por más que le señalé mi nombre en la lista de las invitadas… Tuve que llevar mi coche a un estacionamiento cercano y regresar al grupo que ya se había formado, bajo los árboles, de otras escritoras para irnos a Tequisquiapan.
Cuando llegamos  todo estaba listo, incluso los muchachos que llenaron el auditorio del Cobaq 14. También nos recibieron Armando Zamora, de la Librería Rulfo, Gerardo  Salazar de la Casa de la Cultura, entre otras autoridades. Con la coordinación de Rocío Benítez, poeta y periodista cultural, leímos las siete que acudimos a la cita. Gaby Aguirre nos obsequió sus poemas gatunos, Oliva Reséndiz leyó su cuento en ñañhú y en español, Carla Cristina Cepeda nos hizo agua la boca con su relato acerca de los elotes con crema, Silvia Lira leyó una triste historia de amor imaginada y Margarita Ladrón nos hizo estremecer con un relato romántico acaecido allá en los noventas, en la recordada visita de Rod Stewart a Querétaro. Rocío leyó negros poemas relacionados con la muerte, el luto y las pérdidas.
Frente a la entrada del Cobaq de Tequisquiapan.
Casi al último yo leí tres fragmentos de cada una de mis novelas, cuidando de sobresaltar con textos medio picantes a la audiencia que, aunque nunca dejó de poner atención, la hora y media de literatura la estaba minando. Marta Favila terminó platicando acerca de lo que la poesía significa para quienes la escribimos y la leemos, para después leer poemas cortos de su autoría. El acto final fue gustoso, pues varias autoras y Marta regalaron libros al oyente que recordara: nombre de cuento, dónde fue el concierto… Y las respuestas llovían, ansiosas por un libro que pudiesen mostrar a sus amigos, familia, y presumir conocieron a la escritora, que la escucharon hablar y leer sus textos.
¿Quién no quería ir a comer y beber? Pero las escritoras fuimos abordadas por grupos de jóvenes, muchachos y muchachas, que querían platicar, saber más, tomarse la foto.
Finalmente terminamos y abordamos la van para irnos a un exquisito hotel-restaurant en donde prosiguió la plática. Acto seguido nos fuimos a la Librería Rulfo, donde el Armanduendín Zamora nos mostró su cada vez más ampliada librería, con un acervo que ya lo quisieran muchas librerías de la ciudad de Querétaro. Ahí platicamos, tomamos café y nos fotografiamos en la mampara donde diversos personajes de caricatura esperaban caras humanas para tener vida. Un bigotón se rió con Gaby, Carla quiso ser muñeca queretana, Berna también quiso ser muñeca, yo me hice niño con cámara que baja de un globo aerostático y, además, encarné a una curvilínea mujer en bikini rojo.
El regreso tuvo lluvia, mucha plática y al final, una cuenta de más de cien pesos por las nueve horas de estacionamiento privado. Pensé que el gasto de cien pesos no podría arruinarme un día emocionante, fructífero y aleccionador. ¡Quién, que se dedique a escribir, daría cien pesos por ser escuchado y conocido en un auditorio lleno de jóvenes receptivos!
El jueves estuvo más pesado, la cita fue a las 7:30am y yo, para no seguir gastando en espacio automovilístico, me fui en taxi al IQCA. Ahora  fue Margarita Ladrón con nosotras, dejó a su bebé encargado. Era otra van, se llenó más, con Berna y ¿Rafa? de pilotos. La tirada estuvo larga, casi cuatro horas de camino curveado, de subir subir subir y luego bajar abruptamente. Estuve con náuseas todo el camino, cosa que nunca me había pasado en mis viajes a la sierra, ¿sería porque no iba manejando e iba sentada en un asiento trasero?
En la van con mi amiga Carla Cristina Cepeda.
 Conocí a Carmen Rioja, a Cristina Ruys, mejor a Margarita, platicamos en grupo y en dúo y en trío… Empezamos a bromear diciendo que de la sierra queretana no queríamos regresar, que avisaríamos a nuestros familiares que a la van se la había roto una pieza y que no encontrábamos repuesto… que se había deslavado un cerro impidiendo la circulación de todo vehículo de ida y vuelta a la sierra, incluyendo camiones.
El guión de la novela colectiva fue agarrando forma. No regresábamos porque la pieza la habían pedido en otro país, y cuando la mandaron, la robaron en la aduana. Y nuestros familiares, después de semanas de ausencia, se organizaban para pedir nuestra aparición, pues éramos las desaparecidas en la sierra. ¡Vivas se fueron, vivas las queremos!, dirían en sus manifestaciones.
Dimos vuelo a nuestras ansias de escapar de los deberes, de los familiares dependientes (sólo Margarita indicó que regresaría a Querétaro para llevarse con ella a su bebé), de los quehaceres domésticos y laborales que seguramente los hacemos o los organizamos, nomás porque eso nos tocó hacer como mujeres.
Y mientras nos esperaban nuestros cercanos compungidos, andaríamos en la huasteca potosina, las playas de Tampico, quizá bajaríamos por Veracruz, viajando siempre, juntas y leyendo, juntas y escribiendo, juntas y platicando y riéndonos.
Esas horas de escape colectivo avivaron a tal grado mi imaginación que cuando llegamos a la flamante biblioteca de Jalpan me costó asentarme en la realidad de que sería solo un día de viaje, que no hacía tanto calor como esperaba y que había autoridades a las que debíamos saludar obsequiosamente y con deferencia. Pero en ese momento éramos libres, siendo lo que más nos gustaba ser: escritoras; no parejas de, hijas de, esposas de, madres de, señoras de la casa o empleadas de…
Llegamos a las meras doce. El público era disímbolo. Había dos señoritas muy arregladas, señores muy formales , jovencitas adolescentes, señoras que parecían madres de familia que resultaron ser maestras de español y literatura.  Ahí mismo nos dijeron que nuestra lectura se enmarcaba en los festejos de una semana por la fundación de Jalpan de Serra. Con razón vimos en la plaza principal una mampara que incluía el logotipo de Lumbre de Hojas junto con el Coro de Querétaro y el “actor y cantante” Christian Castro, además de una Banda famosilla.
Teníamos un templete muy bonito para leer. Se nos integró una escritora de Jalpan, de la que no recuerdo su nombre (perdón, pero no está en la lista). Había un gran abanico eléctrico que, en deferencia a nuestra poca tolerancia al calor (pues Jalpan es más cálido que Querétaro) luego luego nos  lo prendieron, aunque en realidad el clima al interior del edificio era muy agradable.
Entre nuestra mesa de lectura y el público, había un tragaluz abierto que daba a la primera planta, asiento de la biblioteca con sus estantes y mesas. Arriba donde estábamos se había acondicionado como galería y auditorio. Esperamos unos minutos a la presidente municipal, que inauguraría la lectura junto con el síndico, y la Lumbre entre las hojas principió. Antes nos presentaron a las autoridades ahí presentes, entre ellas a las dos señoritas taaaaan arregladas: eran la Princesa y la Reina recién electas de Jalpan, pues toda fiesta mexicana que se precie de serlo, deben tener sus “representantes de la belleza femenina”.  Y su elección fue por democracia directa, el voto de los jalpenses fue ejercido para verlas felizmente coronadas . Tuve el gusto de verlas poner suma atención a nuestras palabras.
Dimos sonido a nuestros sentimientos, a nuestro ingenio, a las historias que imaginamos y a los mundos que habitamos frente a una hoja de papel. Lectura viva, con el tono de quien la crea, nada parecía más importante que decir nuestra verdad, ser escuchadas y respetadas, ser comprendidas y sentidas. Margarita con su cuento de Rod Stewart que tanto gustó; Carmen Rioja con un poema prendido y doliente por la situación nacional; Silvia Lira con otro cuento de amor imaginado y no tenido; Carla Cristina con sus textos gastronómicos tan antojables;  Cristina Ruys con un relato ubicado en un pueblo selvático con un viejo  artesano como protagonista y la escritora jalpense con un cuento también muy bien logrado. Yo declamé a mi modo unos poemas de mi “Enamorarme de mí”.
Entre participación y participación, Marta Favila daba voz a otros escritores que hablaban del alma de las bibliotecas, de la poesía como conocimiento emocional y de lo importante que es darle vida a los edificios dedicados a la cultura.
Finalizamos con los agradecimientos y con las participaciones del público… Que no fueron pocas, pues casi nadie se quedó sin hablar, conmoviéndonos a todas. Hablaron de los relatos, de las emociones que surgieron, algunas adolescentes de sus inquietudes por ser escritoras…
Valía la pena el esfuerzo de ir, de organizar, de manejar hasta allá, de “perdernos” de nuestras familias, de las náuseas por el viaje. El gusto de leer era el pastel, la cereza fueron los comentarios, la emoción externada por nuestros atentos escuchas.
Platicando de mis libros con público jalpense.
Y luego las filas para las firmas de los libros que se regalaron. En mi caso, platicar con ellos acerca de mis libros, cómo los hago… y vendí dos a muchachitas que hablaron a sus mamás que vinieron a dejarles el dinero desde la plaza donde las estaban esperando. Ahí, a un lado de los separadores con textos de las escritoras que participamos en el encuentro, les dediqué con mucho cariño mis libros de relatos y novelas.
Comimos con la animosa presencia de Hugo Márquez, enciclopedia andante de la cultura jalpense y actualmente encargado de la cultura en el ayuntamiento. No había tema del que no supiera y diera cátedra: la historia, misiones, música, cultura originaria, personajes, cursos… creo que si le hubiera preguntado una lista de los libros existentes en la biblioteca, me los hubiera dicho. Huelga decir que agendé una presentación de mi próximo libro con él en su municipio, espero que sí se realice.
En la comida se agotaron los picheles de limonada rápidamente. La cecina con enchiladas nos supo a gloria, y la nieve de vainilla también.
Pero nos faltaba el regreso. Carmen me obsequió un dramamine, me advirtió de nomás tomar la mitad pero yo ya me la había echado toda. Entre sueños, bamboleos y saltos en la van,  recuerdo que varias siguieron platicando un rato:  Carla, Marta, Margarita y Carmen, que, al parecer,  tienen más capacidad en ese sentido. La última hora fue silencio.
Toda pacheca bajé de la van, me despertaron y con mucho trabajo saqué mi mochila y la bolsa de libros. El mismo portero que no me dejó entrar al estacionamiento el martes, no me quería dejar salir directo a la Zaragoza, tan adormilada que estaba como para salir por la otra calle. Berna y Rafa intercedieron por mí y llegué directo a la parada de camiones. Hice todo mi esfuerzo por subirme a la nueve que, en un colorido atardecer, veloz me dejó a cinco cuadras de mi casa. Llegué arrastrando mis mochilas, sintiendo que toda la droga del mundo no me haría olvidar el bellísimo día que acababa de vivir.


Santiago de Querétaro, México,  a 26 de abril del 2016.






jueves, 11 de febrero de 2016

El mejor aliento para escribir viene de las presentaciones públicas (Avatares de la autoedición en papel y en línea. Última y 5ta. parte)



Para todos aquellos que me han ayudado a dar a conocer mis libros.
 Para Beatriz Aldaco, por las pérdidas y las recuperaciones. 

He descubierto que el no abandonar la escritura depende de fortalecerme cíclicamente con presentaciones en público, en vivo (incluyendo radio y tv), de mis libros. Esa es mi forma de retenerme en esta a veces ingrata labor. Y digo ingrata porque, empezando con la aguijoneante autocrítica, hay muchos factores (negros buitres destructivos) que a veces me detienen y me han hecho pensar en no seguir escribiendo sino en dedicarme a cualquier otra cosa.
Quizá quienes no gusten de mis textos se vean fortalecidos y exclamen "¡por fin decidió ya no insistir!", "¡le haría un favor al mundo si deja de producir!"... pero siempre salen los dichos para alentarme y no dejarme abandonada en el más absoluto silencio en el que me sumí durante dos décadas después de mis primeros y juveniles intentos por convertirme en escritora.
"Siempre hay un roto para un descosido".
"Nunca le vas a dar gusto a todos".
Y otros como este que me rondan a mi favor cada vez que me decido a Hacer (en el sentido amplio de la palabra) un libro. Sé que cuento con el apoyo de mis amigos y familiares y de seguidores, pero el proceso de escribirlo, corregirlo, editarlo, imprimirlo, coserlo y encuadernarlo a mano requiere muchas porras pues es largo y laborioso, además de solitario. Y éstas no las encontré en el facebook, ni en este blog, menos en goodreads o amazon. Las encontré en vivo, pero no en los pocos talleres literarios a los que he asistido, sino en las presentaciones y lecturas colectivas o individuales de mis libros.
¿Por qué? Porque ahí tienes a las personas, a los escuchas y/o lectores, cien por ciento dedicados a lo que tienes qué compartirles. Son personas que han acudido a ese encuentro o presentación literaria porque les gusta la creación literaria. Han dejado otras cosas sin hacer por estar ahí, frente a tí, para ver lo que tienes qué decir. O están sintonizando la radio o tv con atención. Es un honor contar con su atención ahí, en tiempo real. Por eso, a donde me invitan, si puedo ir, voy.
Y eso siempre me alimenta, me alienta.
He visto con admiración la voluntad de generar espacios para la reflexión y la palabra escrita y hablada, en los organizadores de las presentaciones, series radiales,  donde he participado. Un gusto por la cultura, una mirada que trasciende lo comercial y lo efímero de lo banal, de las modas, de la basura mediática generada para crear insatisfacciones y atrofiar la creatividad y el talento.
Me he convertido en  fiel admiradora de estas personas: hablo de directores de bibliotecas, gerentes de pequeñas librerías, dueños de cafés que prestan libros, encargados de casas de la cultura, promotores de cultura en comunidades y escuelas, responsables de pequeños espacios que generosamente los abren para que quienes nos dedicamos a escribir, tengamos un foro en dónde ser escuchados y escuchar.
Y qué decir de las radios en donde me ha tocado ser entrevistada: personas que altruistamente donan su tiempo para que otros tengan voz, sin afán de lucro más que la de explayar los horizontes de los oyentes.
Es la presencia física, la escucha humana y el intercambio de sentires lo que me alienta a seguir con este camino.Es mi parte que necesita retroalimentación de mis escritos,  la que se ve abonada.
Y no solo son los asistentes. Conforman un escenario único y especial también los lugares: he estado en calles, parques acuáticos, casas de cultura, galerías-café, bibliotecas, salones conventuales de la colonia española, cafés-bibliotecas, casas de amig@s, escuelas secundarias, universidades, auditorios de instituciones de educación superior, plazas principales de pueblos y kioskos. Todos ellos son parte del ambiente que se genera cuando se da lectura a la expresión propia.
Y para crecer como creadora seguiré necesitando de toda la aprobación posible, por más que me digan que la crítica negativa, o el rechazo, o la indiferencia, también ayudan a crecer.
Apenas así equilibro con este monstruo interior que de repente se las quiere dar de mandamás en mis actos, que detiene mis manos y pensamiento para seguir. Sé que echarle aire, dejar que le dé el sol, ayuda a hacerlo pequeño, lo cual es uno de los objetivos de este escrito.
¡Hasta la próxima!


martes, 19 de enero de 2016

Los piratas y sus consumidores. ¿Redención o fraude? (Avatares... Parte 4)

Soy fan de Spotify Music. Me gusta porque me pone en contacto con música de todo el mundo, gratuitamente. No me he suscrito por una mínima cantidad aunque cada rato esos suecos me proponen "elevar mi nivel de sonido, escuchar sin anuncios", etc. Es música nueva y antigua,  un espacio para recrearme de las más nuevas y atrevidas producciones así como acercarme a mis canciones que me traen bellos recuerdos. Han sido demandados por algunos autores-compositores-intérpretes, pues el número de reproducciones de sus obras no compagina con las ganancias que reciben. Tienen razón, y eso que firmaron un contrato legal.
Voy caminando al tianguis. Siempre está un puesto, entre tantos otros, de libros. De los de moda, baratísimos, además de los tradicionales de autoayuda, recetas y de colorear para niños. Grandes y bonitos ejemplares a 50, 100 pesos, de los asediados por adolescentes Harry Potter, los vampirescos amaneceres, atardeceres y crepúsculos, los más conocidos de Gabo y  otros best seller: TODOS PIRATAS. No les compro porque no son de mi gusto o ya los leí, pero quienes no tienen los 300 pesos para un libro original del Señor de los Anillos, puede conseguir uno a una tercera, cuarta parte de su precio.
También está en el tianguis el infaltable puesto de las películas: "llévelo, llévelo", donde por diez, quince o tres por cincuenta me podría chutar las mejores y mas taquilleras películas en DVD (es clon, me dicen ufanos) del año pasado e incluso de este año, que todavía no se estrenan en el cine comercial. No las compro porque me gusta más  ir al cine. Lo mismo puedo comprar cualquier cd o mp3 de la música de moda, por muy poco dinero.
¿Quién los puede detener? Está la demanda, tienen la oferta y es como las drogas, si los persiguen se hace más cabrona la mafia y más fuertes las mordidas que deben pagar, pero seguirán ofreciéndolas al público.
Otro tanto podrían platicar quienes gustan de vestir ropa y zapatos de marca, o por lo menos presumirla con las etiquetas visibles. Mucha es adquirida a través de piratas, que imitan tan bien que los "legales" parecen copias. Es un negocio mundial, se meten de contrabando o se hacen aquí mismo y se venden en todas partes. No compro esas prendas porque me chocan las etiquetas en la ropa, y más las conocidas.
Las marcas pertenecen a las empresas. Los productos artísticos originales comparten ganancias entre los distribuidores, editores, comercializadores y los creadores. Pero muchas veces los productos se copian y se venden por fuera, generando ganancias que no llegan a sus verdaderos creadores. Por más que se hagan campañas por la buena o por la mala para impedir esta situación, se sigue dando y de manera creciente.
La gente quiere su música, ver películas, leer sus autores favoritos y no tiene suficiente dinero. No hay acceso legal a cinematógrafos baratos, a libros baratos y surtidos, a música original barata (más que en Spotify y similares, supongo). En cuanto a la ropa, qué importa que no sea de marca, con que sirva, aunque sea de segunda mano.
Y no hemos hablado de los artistas plásticos, que tienen el mismo problema. Cuántas ocasiones he visto que las fotografías originales de fotógrafos conocidos son usadas para ilustrar pósters, calendarios, sin su autorización. Es fácil, sólo las bajan de la web. Por eso luego las exhiben firmadas para no ser objeto de robo.
 ¿De quién es la creación artística? ¿Tenemos derecho a apropiárnosla los creadores y no compartirla a menos que se nos paguen derechos de autor? Esta posición sería un suicidio en estos tiempos, pues santo que no se enseña, no es venerado.
El internet nos ha hecho globalizarnos desde el primer teclazo que le damos al Facebook, el primer tuiteo, la primera foto de nuestra obra o perfil que enseñemos a nuestros amigos y parientes. El pirateo promueve la accesibilidad de la producción cultural y artística para todo el mundo, siempre un paso al frente de quienes han legalizado la propiedad mercantil y de autor de las obras.
Y qué decir del fenómeno del youtube. Todos somos reporteros de los eventos catastróficos en todo el mundo a los minutos que pasan, ¡y de televisión! Me ha hecho falta explotar un poco más esto de los videos para promover mis libros, creo que no he subido los dos audiovisuales relacionados con mis libros que he hecho,  por resquemores de derecho de autor de la música que escogí para ellos. ¿Deberé reprimir mis reservas en ese sentido? Quizá más adelante, quizá me anime con este artículo TAN a favor de la gratuidad de la cultura que he ido elaborando. Muchos jóvenes conocidos y cercanos a mi vida  me han animado a dejar mis protecciones a un lado y participar más en este mundo globalizado.
Incluso este blog es parte de mi cambio.
Pero la promoción tradicional de mi producción artística me ha dado muchas lecciones y grandes satisfacciones, volviendo al tema de mis personales avatares en este camino. De ellos les platicaré en mi siguiente entrega de esta serie.