miércoles, 3 de octubre de 2018

A 50 años de la masacre de Tlatelolco.

-Papá, ¿qué es eso de los estudiantes, el gobierno, los balazos, que anda saliendo en la tele y los periódicos?
-Es que unos estudiantes no querían que se hicieran las Olimpiadas y el gobierno los tuvo que detener a la fuerza.
-Ahhh...
Ese fue mi primer conocimiento de la represión del 2 de octubre del 1968. Yo tenía seis años y mi pregunta fue como a mediados de ese mes de ese mismo año.
Mi papá era funcionario del gobierno y obligatoriamente priísta, en Hermosillo. Por eso su información era sesgada, manipulada, como la mayor parte de la población mexicana de ese entonces, principalmente los que vivíamos lejos del centro del país.
Años después leí "La noche de Tlatelolco", de Elena Poniatowska, y me abrió dolorosamente los ojos.
2 de octubre, nunca se olvidará. Conmemoramos el inicio de una lucha que ha tenido una victoria muy grande a su favor, pero estamos lejos de ver el castigo a quienes han implementado represiones en esa y otras ocasiones: la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, es un ejemplo de que ese ánimo autoritario y represor sigue latiendo en las entrañas del gobierno.
Estamos esperando que el gobierno de AMLO tome cartas importantes en estos asuntos tan dolorosos en nuestra historia.
¡Que estos eventos no se repitan, que los culpables tengan castigo, que no nos vuelvan a cerrar los ojos a la realidad!

sábado, 1 de septiembre de 2018

Espacio alrededor

Amo caminar con espacio alrededor
dejo atrás la ansiedad y los miedos
frente a un reflejo armonioso
una flor intensa y pasajera
 maleza digna del mejor pintor.  

Cada paso es una declaración
de fuerza y permanencia
de continuidad y dedicación
de cambio que aletea
como mariposa buscando
dónde dejar su capullo.

La lluvia esponja la bondad
el sol crece mi serenidad
las piedras truenan en minúsculos brincos
los pies retiran los caminos
agradecen el tiempo infinito
y se preparan para las lejanías coloridas
lo desconocido y sorprendente
y la satisfacción de lo compartido
entre colores y versos y libros
y mi vida.

lunes, 27 de agosto de 2018

Destellos naturales en San Joaquín, Querétaro.


Salir a recuperar el espacio, el cielo. A desdecirle a la rutina el aburrimiento por lo mismo y asombrarme de nuevo que a dos horas de carretera se encuentra el paraíso para los que quieren ver flores en lugar de cemento, oler rumores del viento entre pinos en lugar de motores, escuchar chicharras vibrando el aire como minúsculos temblores.

Me recosté y el cielo se mostró detrás de un oscilante pino,  su gigantesco tronco se convertía en una minúscula punta arañando el cielo. Fue un alivio que mis ojos no tropezaran con el techo protector de mi casa o las líneas de electricidad que surcan por doquier las calles.
Caminé y las piedras refulgían los colores de las eras geológicas. Me atrajeron las plantas que gozosas retoñaban, brotaban, me regalaban sus colores en su pequeñez altiva.
Me extasié en una telaraña perfecta, en el tronco de una cerca y su alambre. Saludé con alegría a un sapito, tan grande como mi pulgar, perfectamente camuflado en una hoja, tomando plácidamente el sol. No se inmutó con mi cercanía, se sentía seguro conmigo, y lo estaba.

Reconozco la flor del diente de león, de un amarillo tan puro y brillante, toda despeinada. Encontré un diente maduro, con una parte de sus semillas echadas al viento, tan espectacular en su ligereza, tan trasparente y tan fuerte al mismo tiempo. Amo los dientes de león.

Todo San Joaquín está lleno de manzanas cargando sus árboles. Señoras manzanas, la reina de las frutas, decorando como esferas de navidad cada casa, cada esquina, cada páramo del camino, cada patio.

Es agosto, mes que ha regalado lluvia en dondequiera, la tierra lo agradece, y  como siempre, sin importarles los asuntos humanos, las plantas cumplen sus ciclos de vida.  Es tiempo del retoño, de la floración, ya del fruto en el caso de las manzanas.  El verde inunda el horizonte y las nubes corren a lo lejos, perseguidas por vientos pasajeros, vientos de tormenta, vientos de cambio.
No me quedé para ver si la lluvia regalaba su vida, regresé con mi compañera en este viaje relámpago que fue asomarme a un paraíso natural que está así porque citadinas como yo no se quedan, no invadimos, no compramos y construimos. Solo admiramos, fotografiamos, bendecimos a la vida por tantos regalos, y regresamos a la seguridad del hogar.