Hay una guerra interior
mis demonios y diablas
y una guerra exterior.
Las batallas se libran
de la calle a mi timidez
de mi autocensura al acoso
desde tu evasión hasta mi perpetua nostalgia.
Nuestros cuerpos
son campos de batalla
peleo yo contra mi imagen
discuten ellos mi libertad.
La lengua suelta los miedos
los míos y los de mis amigas
los iluminamos y a veces
con fortuna
les hacemos felices autopsias.
Nuestras mentes
evaden y enfrentan
descansan como si nunca
se agitan como si siempre.
La guerra exterior (ojalá sea una revolución)
genera muertos y dolor
transforma la protesta en grito
el llanto en aullido
el duelo en valentía.
Tu/mi/nuestra guerra interior
se libra en la inercia
salgo o no salgo
escribo o veo la tele
pinto un cuadro o mis uñas
me veo bonita o soy una gorda
ganan los demonios
o esa vieja sabia que gruñe
y avisa y empuja y salva
y me hace ganar cuando la escucho
y me hace infeliz cuando
la reprimo
y el miedo me provoca
cambiar de canal y no apagar
lavar trastes y no leer
tener ruido y no silencio.
Escucha
las balaceras están cada vez más cerca
las victimadas cada vez
se nos parecen más
la guerra se recrudece
toma mi mano
la creación nos espera
la lucha no es fácil
pero venceremos.
Otros espacios virtuales:
- Mis pinturas: las colecciones y pinturas que estoy creando.
- Libros y más, para compartir contigo
- Goodreads: página social con mis libros y con opiniones de libros que he leido.
- Deviantart: espacio virtual de publicación de pinturas.
- Spotify: mis listas de música.
- Youtube: algunas entrevistas, videos propios y ajenos.
- Instagram: dedicado sobre todo a procesos de encuadernación.
domingo, 29 de abril de 2018
sábado, 10 de febrero de 2018
Anna Georgina St.Clair, una cronista completa
Prólogo de Manuel Murrieta* a Mientras crecen los árboles, Crónicas y recuerdos de una migrante.
Durante la década de 1980, conocí a Anna como sagaz periodista en Sonora preocupada no solo por los asuntos políticos, sino también por los problemas que afectaran a los sectores marginales. Creo que ahí, y no en épocas recientes, radica la génesis de este libro de crónicas. No solo porque maneja con destreza este género periodístico-literario, sino además porque las miradas que desarrolla se gestaron en su época de reportera en Hermosillo, la capital sonorense. Si la crónica es el oficio de la mirada, Anna lo desarrolla aquí con habilidad y dando voz y espacio a multitud de sectores sociales, no limitado a uno solo o a unos cuantos. Desde aquella sensibilidad periodística, surgen ahora varias miradas para ofrecernos un Querétaro del pasado reciente y del actual, una urbe diversa pero compleja, moderna pero tradicional, problemática pero disfrutable.
Y así va Anna absorbiendo y seleccionando la realidad utilizando sus
sentidos, su mirada, con vitalidad y pasión por unaciudad que la ha cautivado e
impactado, yo diría incluso que la ha enamorado. Por eso, en algunos párrafos,
es presa de un lirismo que convierte su crónica en prosa poética, rompe los
planos sintácticos y temporales, texto que trasciende como en la “Tarde
queretana”. En este sentido, no es una cronista que se apoye en el ensayo o en
teorías frías y engorrosas, sino en anécdotas y tramas, contadora de historias
claves. Además, nos ubica en sus orígenes, hace también viajes retrospectivos a
su natal Sonora, para explicar y darle sentido a su presente queretano (como
los cronistas españoles que hacían referencia a su terruño de España para poder
explicar las nuevas realidades americanas). Y los regresos al pasado, no son
solo espaciales, sino temporales, a su infancia sonorense como para indicarnos
la nostalgia por el calor intenso y el reacomodo de sus raíces.
En otras ocasiones, la mirada de Anna es más descriptiva, con un ojo arquitectónico o pragmático que describe plazas y calles populares. Y no es pomposa ni ceremoniosa, sino que inserta dosis de humor y, como los líricos del siglo XIX,
vislumbraretazos de su vida íntima y personal alcanzando la crónica toques más
humanos. De esta manera, el lector cuidadoso se entera que Anna ha sido, además
de periodista, activista política, maestra y al menos ha tenido dos esposos y
dos hijos. Pero a su ojo curioso no le basta la urbe y es entonces que nos pasea
por los alrededores para cronicar lugares emblemáticos, como el Tlacote y el
Mercado Santa Rosa, enmarcando la vitalidad de la cotidianidad queretana de
manera más amplia y reveladora.
¿Y qué decir de su mirada de mujer, de su mirada feminista?...mucho,
aquí y allá, detectamos toques de quejas, de luchar por su género, de
identificarse con la ciudadana común a la cual muy bien conoce porque Anna se
acepta como una de ellas, es una de ellas. La diferencia es que escribe y
denuncia lo que ve, lo que sufre y goza. Ésta es, pues, una obra escrita desde
lo alternativo, no solo por esta visión feminista, sino por reflejar también a
la masa queretana.
¿Qué hace falta entonces para concluir que estamos ante una cronista muy completa? Agregaríamos que incluye lo bucólico, no
olvida a la naturaleza, lo cual deriva en perspectiva ecológica dentro del Querétaro
industrial y consumista que también resalta. Pero además, como la típica
cronista oficial de pueblos y ciudades mexicanas, Anna cumple este papel al
narrar acontecimientos históricos como la introducción del transporte público,
anécdotas sobre mansiones típicas, museos y lugares simbólicos que refuerzan la
identidad y el orgulloso regional. Así, Querétaro surge importante en el
panorama nacional gracias al ojo histórico de nuestra cronista.
Finalmente, Anna se apega a la definición clásica del género, es decir, quiere hacer cronología, dar evidencia del paso del tiempo al incluir fechas al final de cada texto; nos damos cuenta así que tenemos una obra que refleja la zona queretana de al
menos los últimos 30 años. Y para reforzar este contexto, hábilmente incluye
textos de terceros o información que enmarcan algunas de las crónicas y le dan
una mayor dimensión, autoridad y validez a esta obra. Tenemos, pues, que Mientras crecen los árboles, es una obra
cronística integral, por las diversas visiones que incluye, pero sobre todo por
su mirada humana.
La mirada cálida y sensible de una mujer periodista, una mujer madre, que ama a la ciudad que le dio cobijo, realización y un
nuevo terruño, pero a la que también, como a un hijo rebelde, le critica sus
defectos y deficiencias, no solo para que se registre en este libro, para
denunciar, sino para que se corrijan y pueda la ciudad ser aún más disfrutable.
*Dr. Manuel Murrieta Saldívar
Fundador y editor general
Editorial Orbis Press
Modesto, California
domingo, 4 de febrero de 2018
José Alfredo Jiménez, una visita sentimental.
Era el día ideal para estar ahí, con el autor de tantas
canciones que me mueven tan profundo cada vez que las escucho. O sabiendo que
iba a estar cerca de un personaje tan entrañable, me fui poniendo melancólica
en el camino a Dolores Hidalgo.
Como todos, tengo días en donde paseo conmovida por el
mundo. Algo dispara las lágrimas, mucho
tiempo guardadas. Y afloran los mismos recuerdos de lo perdido, básicamente
relaciones humanas con personas que ya no están “en este mundo”, como dice Caminos de Guanajuato.
Y quién mejor para hablar de lo vano y lo importante que él,
que murió prematuramente (47 años) víctima de cirrosis hepática. Y él lo
decidió así, pues para sobrevivir a la afectación fue advertido que debía dejar
de ingerir alcohol. No pudo y no quiso.

Yo me sabía todas sus canciones más famosas. Las tarareaba junto con otros visitantes a la casa en el centro de Dolores. Una casa vieja muy conservada, con patios interiores y cuartos que dan paso a otros. Con fotografías, ropa, documentos varios de su vida, desde sus primeros años en su pueblo hasta que la fama lo alcanzó ya viviendo en el Distrito Federal, hoy Ciudad de México.
Vida meteórica al estrellato, a los reconocimientos, a las
giras nacionales e internacionales. Dinero (no lo he podido contar, dijo) a
puños, buscando y recibiendo lo que más ansiaba: el reconocimiento popular, el
aplauso y el cariño de la gente: esos me los llevo a la tumba, dijo en Gracias.
Si, forma parte de mis metáforas cotidianas, su expresión
simple y elegante de los sentimientos se integró (precisa Monsiváis en un
cartel ubicado en alguna de los cuartos) a la interpretación de los más
distintos momentos de mi vida, como la de millones de latinoamericanos.
Cuando me siento triunfadora, “sigo siendo el rey (reina)”. Si
no quiero seguir con esa relación, “voy a dejarte el mundo para ti solita(o)”.
Cuando inicio una relación “desde el día que llegaste a mi vida, Paloma
querida, me puse a brindar”.
Amores profundos, duraderos o no. Serenatas que me cantaron:
“deja que salga la luna”…Letras con sencillas melodías que llegan al corazón,
al alma y dejan aflorar la tristeza, la valentía, el cariño, la vulnerabilidad.
Esos sentimientos que no sirven para ser ordenado, para sacar las cuentas, para llegar
temprano a donde se tenga que llegar, para cumplir plazos y superar los
objetivos.
![]() |
| La primera lápida en su tumba. |
Esos que emergen con los recuerdos de quienes se nos adelantaron.
Que los conocemos cuando la ausencia de alguien nos provoca dolor, extrañeza,
pulsión para buscarlos y rogarles que vuelvan. Sin soberbia, sin rencor, con
una Entrega total.
No son, como dicen muchos, canciones de borrachos. Lo que
sucede es que provocan un estado de emotividad tal que es difícil sucumbir a él
sin remitirse a la bebida alcohólica, así para terminar de dar rienda suelta a
las emociones de una vez.
Yo me tomé una cervecita con la comida, pero ya andaba
movida. El regreso a Querétaro fue aderezado con el streaming del cantautor. Mi papá, que lo cantaba y admiraba
muchísimo, iba cantando conmigo sus canciones, bebiendo cada lágrima que me
dificultaba enfocar las luces de la carretera.
De tantos muertos se va poblando el alma, que a veces le
falta respirar aire de vida. Sacarla a renovar su luz, aunque arrastre
recuerdos, es necesario.
Entonces, entendemos que en algo José Alfredo se equivocó:
sí vale la vida, aunque lloremos.O precisamente porque la podemos llorar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

