miércoles, 9 de mayo de 2018

Una lágrima lava la herida


Una lágrima lava la herida
el poder es frágil ante la fortaleza
de la tristeza
abierta como la exageración
honda como un entierro.

Mi poder es inocente
            mientras no lo ataque la vergüenza
la cobardía es inocente
            juega a la burla
la venganza es inocente
            acosa lágrimas que lavan recuerdos
una fragilidad oculta
            abre el daño que la vergüenza calla.

Y hombres y mujeres juegan
            en donde la tristeza es pública
entierran heridas
            como lágrimas desde el recuerdo
la suerte es inocente
            mientras no publique su cobardía.

domingo, 29 de abril de 2018

Las guerras

Hay una guerra interior
     mis demonios y diablas
y una guerra exterior.

Las batallas se libran
     de la calle a mi timidez
de mi autocensura al acoso
desde tu evasión hasta mi perpetua nostalgia.

Nuestros cuerpos
      son campos de batalla
peleo yo contra mi imagen
     discuten ellos mi libertad.

La lengua suelta los miedos
      los míos y los de mis amigas
los iluminamos y a veces
      con fortuna
les hacemos felices autopsias.

Nuestras mentes
evaden y enfrentan
descansan como si nunca
se agitan como si siempre.

La guerra exterior (ojalá sea una revolución)
genera muertos y dolor
transforma la protesta en grito
el llanto en aullido
el duelo en valentía.

Tu/mi/nuestra guerra interior
se libra en la inercia
salgo o no salgo
escribo o veo la tele
pinto un cuadro o mis uñas
me veo bonita o soy una gorda
ganan los demonios
o esa vieja sabia que gruñe
         y avisa y empuja y salva
y me hace ganar cuando la escucho
y me hace infeliz cuando
la reprimo
y el miedo me provoca
cambiar de canal y no apagar
lavar trastes y no leer
tener ruido y no silencio.

Escucha
las balaceras están cada vez más cerca
las victimadas cada vez
       se nos parecen más
la guerra se recrudece
toma mi mano
la creación nos espera
la lucha no es fácil
pero venceremos.

sábado, 10 de febrero de 2018

Anna Georgina St.Clair, una cronista completa


Prólogo de Manuel Murrieta* a Mientras crecen los árboles, Crónicas y recuerdos de una migrante. 



Durante la década de 1980, conocí a Anna como sagaz periodista en Sonora preocupada no solo por los asuntos políticos, sino también por los problemas que afectaran a los sectores marginales. Creo que ahí, y no en épocas recientes, radica la génesis de este libro de crónicas. No solo porque maneja con destreza este género periodístico-literario, sino además porque las miradas que desarrolla se gestaron en su época de reportera en Hermosillo, la capital sonorense. Si la crónica es el oficio de la mirada, Anna lo desarrolla aquí con habilidad y dando voz y espacio a multitud de sectores sociales, no limitado a uno solo o a unos cuantos. Desde aquella sensibilidad periodística, surgen ahora varias miradas para ofrecernos un Querétaro del pasado reciente y del actual, una urbe diversa pero compleja, moderna pero tradicional, problemática pero disfrutable.
Y así va Anna absorbiendo y seleccionando la realidad utilizando sus sentidos, su mirada, con vitalidad y pasión por unaciudad que la ha cautivado e impactado, yo diría incluso que la ha enamorado. Por eso, en algunos párrafos, es presa de un lirismo que convierte su crónica en prosa poética, rompe los planos sintácticos y temporales, texto que trasciende como en la “Tarde queretana”. En este sentido, no es una cronista que se apoye en el ensayo o en teorías frías y engorrosas, sino en anécdotas y tramas, contadora de historias claves. Además, nos ubica en sus orígenes, hace también viajes retrospectivos a su natal Sonora, para explicar y darle sentido a su presente queretano (como los cronistas españoles que hacían referencia a su terruño de España para poder explicar las nuevas realidades americanas). Y los regresos al pasado, no son solo espaciales, sino temporales, a su infancia sonorense como para indicarnos la nostalgia por el calor intenso y el reacomodo de sus raíces.

En otras ocasiones, la mirada de Anna es más descriptiva, con un ojo arquitectónico o pragmático que describe plazas y calles populares. Y no es pomposa ni ceremoniosa, sino que inserta dosis de humor y, como los líricos del siglo XIX, vislumbraretazos de su vida íntima y personal alcanzando la crónica toques más humanos. De esta manera, el lector cuidadoso se entera que Anna ha sido, además de periodista, activista política, maestra y al menos ha tenido dos esposos y dos hijos. Pero a su ojo curioso no le basta la urbe y es entonces que nos pasea por los alrededores para cronicar lugares emblemáticos, como el Tlacote y el Mercado Santa Rosa, enmarcando la vitalidad de la cotidianidad queretana de manera más amplia y reveladora.
¿Y qué decir de su mirada de mujer, de su mirada feminista?...mucho, aquí y allá, detectamos toques de quejas, de luchar por su género, de identificarse con la ciudadana común a la cual muy bien conoce porque Anna se acepta como una de ellas, es una de ellas. La diferencia es que escribe y denuncia lo que ve, lo que sufre y goza. Ésta es, pues, una obra escrita desde lo alternativo, no solo por esta visión feminista, sino por reflejar también a la masa queretana.

¿Qué hace falta entonces para concluir que estamos ante una cronista muy completa? Agregaríamos que incluye lo bucólico, no olvida a la naturaleza, lo cual deriva en perspectiva ecológica dentro del Querétaro industrial y consumista que también resalta. Pero además, como la típica cronista oficial de pueblos y ciudades mexicanas, Anna cumple este papel al narrar acontecimientos históricos como la introducción del transporte público, anécdotas sobre mansiones típicas, museos y lugares simbólicos que refuerzan la identidad y el orgulloso regional. Así, Querétaro surge importante en el panorama nacional gracias al ojo histórico de nuestra cronista.

Finalmente, Anna se apega a la definición clásica del género, es decir, quiere hacer cronología, dar evidencia del paso del tiempo al incluir fechas al final de cada texto; nos damos cuenta así que tenemos una obra que refleja la zona queretana de al menos los últimos 30 años. Y para reforzar este contexto, hábilmente incluye textos de terceros o información que enmarcan algunas de las crónicas y le dan una mayor dimensión, autoridad y validez a esta obra. Tenemos, pues, que Mientras crecen los árboles, es una obra cronística integral, por las diversas visiones que incluye, pero sobre todo por su mirada humana.
La mirada cálida y sensible de una mujer periodista, una mujer madre, que ama a la ciudad que le dio cobijo, realización y un nuevo terruño, pero a la que también, como a un hijo rebelde, le critica sus defectos y deficiencias, no solo para que se registre en este libro, para denunciar, sino para que se corrijan y pueda la ciudad ser aún más disfrutable.

*Dr. Manuel Murrieta Saldívar

Fundador y editor general

Editorial Orbis Press

Modesto, California