martes, 23 de diciembre de 2014

La fiebre Blanca, de Jacek Hugo-Bader



¡Qué serie de reportajes! 
El libro me encantó, absorbió, asqueó, desesperó,  generó compasión y rechazo, angustia y lástima. Me provocó comparar la situación pos-soviética y el remolino de acontecimientos desastrosos en los que estamos inmersos en México, y no estamos tan lejos de un derrumbe nacional al estilo siglo XXI, algunos signos ya se nos notan: mafias, desintegración institucional, rampante corrupción, y lo peor, tolerancia social creciente a la destrucción política, social y humana de nuestra sociedad.

Me dieron ganas de viajar y reportear así como Jacek. 

El autor, polaco, aprende en cabeza ajena, compara la situación rusa con la polaca, pues sus reportajes están hechos para publicarse en su país.
Vivió y auscultó, en nueve años, los principales problemas de los países de conformaron la URSS; habla con sus afectados, estudiosos, activistas, partícipes, y nos ofrece piezas de una quilt que conforman un todo multicolor y armónico en forma de libro.

Entre los textos se encuentra la descripción de un viaje por tierra que duró varios meses, entre Moscú y Vladivostok, en la costa del Pacífico frente a Japón. Se detuvo y acudió a cada lugar, por más lejano que pareciera, guiado por su curiosidad y los decires de sus entrevistados, para conocer de cerca las diversas situaciones de su interés.

Conocemos así de viva voz la vida y opiniones de científicos, sociólogos, amas de casa, maestras, pastores de rebaños de renos, médicos forenses, drogadictos y alcohólicos, antropólogos, sobrevivientes de gulag, hijos de muertos en los gulags, miembros de pueblos originarios casi extintos, defensores de derechos humanos, mujeres que huyeron de la trata de blancas, personas infectadas con VIH, padres de niños discapacitados, generales retirados, exagentes de la KGB ahora exitosos empresarios, miembros de gobiernos de nacientes países. De los principales actores del país, solo le faltó entrevistar a algún jefe de mafia que hablara la neta de cómo hacía las cosas.

Otro de los ejes que guían los temas del libro es un texto futurista escrito en 1957 por varios científicos rusos destacados. Ahí preveían, dentro de 50 años, un mundo sin dolor, sin pobreza, sin diferencias sociales, sin enfermedades, gracias a los avances de la ciencia. Jacek va contrastando las optimistas predicciones con la lúgubre realidad pos-soviética. Incluso llegó a conocer al último científico vivo que participó en el ensayo, mismo que recibió el premio Nobel de Física en 2003.

Desde su silla de ruedas, éste indicó que a su juicio, el error cometido en estos cincuenta años fue la construcción del “horrible” sistema soviético.

¿Un logro humano asombroso y extraordinario en estos cincuenta años?


—El amor — dijo con ojos de ternura a su esposa, su cuidadora  (1).


LA TRADUCCIÓN

Supe de este texto por la promoción que su traductora del polaco, Anna Styczynska, realizó en la radio en Querétaro, en noviembre del 2014. Su labor como traductora fue más allá de una conversión lingüística: tradujo al español del centro de México el espíritu rebelde y/o formal de sus entrevistados, eliminando la neutralidad del idioma español, que ella plantea es una forma de dominación cultural. Así, quienes habitamos este tipo de lenguaje entendimos el argot moscovita; solo en una o dos frases, la traducción no encajaba en el contexto que estaba descrito, a mi gusto. Lo cual es un logro considerable frente a las 327 páginas de texto a letra mediana que se aventó a traducir. Felicidades por este esfuerzo y por traernos la realidad pos-soviética con su terrible fuerza y desesperanza, a pesar del amor que por ahí parece asomarse a veces.

Nosotros los mexicanos también podemos extraer muchas enseñanzas de estas vidas —no tan —ajenas. 

(1) Parafraseado. 


Hugo-Bader, Jacek. La fiebre Blanca. la mirada salvaje/ surplus. Santiago de Querétaro, México, 2014.


jueves, 30 de octubre de 2014

La magia árida de "Albedrío", de Daniel Sada.

Una vez que me acostumbré a su forma barrocamente norteña de escribir, su lectura se volvió deliciosa. Me refiero a Albedrío, novela de Daniel Sada.
Con una amplitud de vocabulario asombrosa, describe historias, situaciones, paisajes, diálogos, para crear el mundo que rodea a Chuyito, un niño rebelde y pendenciero que decide fugarse de su pueblo y abandonar así una vida de "puro castigo" que le habían hecho entre su padre y su maestro. Se fuga con unos gitanos de baja estofa que aciertan a pasar por el pueblo,  los cuales se lo llevan pensando que de algo podría servirles.
Ambientada en los caminos terrosos de Coahuila, cerca de Piedras Negras, Sada nos describe un mundo en donde lo que se piensa se cree, lo que se dice es menos importante que lo que se hace, y lo que se cree se convierte en el destino y la realidad. Con visiones promovidas por el mago de la troca, Luis Cesáreo, se conforma un lúdico y mal inventado remedo de las visiones yaquis del brujo de las Enseñanzas de Don Juan, de Carlos Castaneda.
Realidad de llanos áridos, surcados a veces por trenes o vías destrozadas, ríos llenos de vida o lechos secos, típica del norte mexicano. Con estrellas por techo, piedras de diversos tamaños para pisar y encontrar, huizaches, nopales, mezquites,  un camino se conduce lento, con pausas para soñar y para enseñar a ese rebelde las líneas de un teatro farsante.
Realidad que dibuja un mapa en el crecimiento y huida de un niño-joven  contestón y desobediente, que por lo mismo tampoco puede ser utilizado para el engaño en los pueblos que van pasando. Chuyito encuentra que sus instrumentos escapistas: Manducho, vagabundo criado por gitanos y de los que se escapó, ahora jefe del grupo; un ladrón, Concho, que también la hace de tramoyista; Filiastro, un gigante que no lo dejan hacer magia y Olga Nidia, una enanita joven callada y cariñosa,  son iguales a sus padres y maestros, aunque con una diferencia: ellos lo podrían llevar hacia  playas, ciudades con edificiones grandotes, hacia el mar, hacia sus viajes soñados.
Sada escribe plural en denominaciones, cuatrapeado en sintaxis, comprimidas las imágenes haciéndolas pasar de un paisaje llano a otro lleno de piedras con gemas incrustadas: la revelación de un lenguaje que siempre está mentando de ladito otras historias no reveladas pero no por ello menos importantes.
 Las situaciones chuscas son pocas pero lo suficientemente bien hechas como para haberme hecho carcajear y alegrarme la tarde.
 Esas formas muy norteñas me llenaron la cabeza : norteado, acurruque, embarullar, destanteo, entre muchas otras que dejé pasar después de haberlas mascullado y permitirles hacer vibrar con su sonido a mis recuerdos verbales en mi tierra sonorense: las pláticas con mis tías, con las vecinas, y  los chistes  y chismes en familia.

Sada, Daniel. Albedrío. Tusquets Editores, México 2001.


domingo, 26 de octubre de 2014

Catrina llorosa

Veo los ojos enrojecidos de la Catrina. No quiere llorar mas, ha llorado demasiado a su esposo y padre de sus dos hijos, desde que se lo entregaron cortado en pedacitos al no poder pagar el rescate que le pidieron. Hace menos de un año de eso, y algo se disparó en ella y no puede quedarse sin hacer nada, y se ha vestido de Catrina y su peluca blanca con brillos plateados la verás en Celaya esta semana, acompañada por otros dos que se han vestido de Catrinas en homenaje a Alex, amigo que se les fue a los 30 años, cronista de leyendas de Celaya,  que solo había publicado un volumen y le publicaron póstumamente el segundo. Alex murió de depresión, a pesar de que estaba siendo tratado por varios psiquiatras. Las Catrinas piensan que le daban dosis equivocadas de medicamento.
Ellas caminan por la escuela recién abierta de Salvatierra, el Colegio B., asentado en un edificio antiquísimo, con el patio interior de cantera rosa, frente al Jardín. Solo ofrecen dos carreras: Contaduría y Leyes. 
Ahí fue el encuentro de escritores de Salvatierra. Yo tenía curiosidad por saber cómo han vivido la violencia, la inseguridad en la región, y si eso se vería reflejado en sus textos. Y si, un señor escribió un discurso reclamador a las autoridades, a la corrupción y a la dejadez de la gente. ¿La razón? Trataron de extorsionarlo en una comunidad vecina y prefirió cerrar su negocio.
Salvatierra, a dos horas al norte de Morelia, percibe sus días diferentes. Sus artistas añoran el vivir tranquilos, sin temor a salir en la noche, en comunión con sus cerros, pegados al río perenne y disfrutando de las delicias estacionales. Piden ayuda a sus santos, también piden consuelo para los allegados a las víctimas y se asoman con un ojo a las calles nocturnas, con miedo al silencio que ni los perros rompen.
Escucho las voces orgullosas de quienes son herederos de una tradición literaria de más de 150 años de escritores, editores, poetas y lectores en este pueblo de 400 años. Me pregunto qué puede hacer la cultura y estos eventos, para mejorar o aliviar un dolor nuevo clavado por los grupos de delincuencia organizada, la desigualdad social, la disminución del Estado vigilante y protector.
La Catrina escribió un cuento sobre una invasión de zombis, incluyó unos personajes que aguardaban encerrados a que terminara la cacería humana, para luego salir ilesos y adjudicarse ser salvadores de la humanidad.
En la noche regresé a casa y vi en Discovery Channel tres documentales seguidos sobre la narcoviolencia en la frontera y el tráfico de armas a México. Me entero que según sus cálculos, entran DOS MIL NUEVAS ARMAS DIARIAS a nuestro país, nadie las detiene en su camino. 
Negocio de la muerte, Catrina, que no quieres llorar y penas como la Llorona por tu esposo y por tu amigo, mientras imaginas más cuentos de zombis y panteones y cobardes.
Solo así podrás seguir viviendo.