domingo, 29 de diciembre de 2013

La sangre llama

Hay algo mágico en mis tías. En muchos momentos de mi vida fungieron como segundas madres, cómplices y testigos de mi vida y sus ires y venires. Los genes que ellas comparten con mi padre, les otorgan una ligera variación en la sonrisa, en la mano que me acaricia, en la voz que conduce y en la melodía que cantamos juntas. Mis tías me traen la sonrisa, los dichos y hasta las pecas en los mismos sitios que los de mi difunto padre y los de sus padres, mis abuelos.
Mis tías y al extremo derecho, yo. 


Creo que así es el amor: no importa el tiempo que pase sin verlas, no importa la distancia que nos separa, el pensar en ellas y luego verlas me llena de regocijo y contento. Siento que me quieren y que son correspondidas.
Poseen la magia de burlar a la muerte y y me hacen sentir que mi padre y mis abuelos me siguen queriendo a través de ellas. Es un amor que fluye como un perfume sutil entre todos los cuartos de una casa, aunque algunos cuartos se hallan cerrado para siempre.
La sangre llama, y yo respondo.

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